MEJORA DE LA CONVIVENCIA EN LA FAMILIA

¿Qué es convivir?

Según la RAE, convivir es “vivir en compañía de otro u otros”. Así de escueto es nuestro académico diccionario.
Convivir es cohabitar, coexistir, vivir en un mismo espacio y en un mismo tiempo, pero no de cualquier manera. Una buena convivencia familiar es el desarrollo de un ambiente en el que se valora el amor y la unión familiar, pero a la vez se respeta el espacio de cada uno y se ayuda a mejorar la armonía, la cooperación, el respeto, la tolerancia y la honestidad.

 

 

 

 

 

Convivir es estar juntos de manera armoniosa. ¿Armoniosa?, ¿eso quiere decir pacífica?. Si, en cierto sentido, una convivencia armoniosa debería ser pacífica. ¿Eso quiere decir sin conflictos?. No. Es imposible vivir sin conflictos. Además, un “conflicto” no es un “problema”. Los conflictos son normales y aparecen constantemente en la vida. Ocurren cuando dos opiniones o dos deseos opuestos confluyen, y percibirlos como un “problema” o como un “desajuste”, nos llevará a enfocarlos como algo malo. Los conflictos nos impulsan a mejorar, nos impulsan a buscarles soluciones, nos ayudan a gestionar nuestras habilidades y nos obligan a gestionar nuestras emociones. Enseña a tus hijos a no huir de los conflictos, sino a buscar maneras de solucionarlos.

¿Quieres quejarte o quieres buscar una solución?.

Convivir es crecer y desarrollarse personalmente junto con los otros aprendiendo a resolver los problemas que eso genera. Educar para convivir es educar para manejar conflictos. Y los conflictos se pueden resolver de manera pasiva, de manera agresiva o de manera asertiva. Aquí es muy importante saber que nosotros, como padres, somos los modelos en los que nuestros hijos se miran, y tener muy presentes que nuestro estilo parental será un patrón que ellos acabarán imitando. Si siempre resolvemos nuestras diferencias de manera agresiva, o dominante, o controladora, o las evitamos y miramos hacia otro lado para “no tener una pelea”, estaremos creando un estilo de afrontamiento que ellos terminaran copiando.

¿Qué se necesita para convivir?.

1. Normas. Es obvio que lo primero que se necesitan son normas. Pero normas en positivo. Las normas que empiezan con un “No…” son difícilmente asumibles, porque no enseñan nada alternativo. Prohibir no es la mejor opción. Necesitamos normas, pero normas elaboradas democráticamente. Suele ser buena idea que nuestros hijos participen en la elaboración de las normas, dentro de lo posible y de lo racional. Al final de todo, somos los padres. Y una vez instauradas, fomentar su respeto, no siempre ni necesariamente a través de castigos. Suele ser mucho más eficaz “una cucharada de miel que un litro de hiel”.

2. Comunicación: Hablar con honestidad y sinceridad evita que las emociones se antepongan a la razón. La comunicación interpersonal es muy compleja, pues nos comunicamos a varios niveles al mismo tiempo. Por un lado está lo que queríamos decir, y por otro lo que finalmente terminamos diciendo. Y

a esto hay que añadirle lo que el otro entiende, lo que le hace sentir y lo que termina contestando. Seguramente habéis tenido alguna vez una de esas situaciones en las que se ha terminado discutiendo muy enfadados, sin llegar a saber exactamente cómo se ha llegado a ese punto. Para mejorar la comunicación, paradójicamente, lo más importante es entrenar una escucha activa.

3. Tolerancia: Tolerar es entender que hay otro diferente de mí. Y que ese otro tiene opiniones, gustos y razones que no son necesariamente las mías. Es imprescindible que, padres e hijos respeten la individualidad de cada uno. Es necesario mirarse unos a otros como personas, y no únicamente como “padres” o como “hijos”.
4. Respeto: el respeto es fundamental en las familias. El respeto se enseña con el ejemplo. Así, por ejemplo, no se puede pedir respeto a los hijos si entre el padre y la madre se está faltando continuamente. Aunque haya enfados o discusiones, la falta de respeto no debe permitirse nunca.
5. Un  donde se les quiera y se estimulen su desarrollo, su aprendizaje y su gusto por la vida.

 

 

 

Los efectos de una buena convivencia en casa se notan en una buena convivencia allá donde vayan. Y no olvides que, si necesitas ayuda, consulta con un profesional.

 

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