CUANDO EL APEGO ENTRA EN LA ESCUELA

Por: Alma Levi

Psicóloga. Master en Psicología de la Educación
Almalev8@gmail.com

 

EL VÍNCULO

Todo ser humano tiene la necesidad de amar y ser amado. Anhela sentirse seguro, cómodo, con relaciones afectivas estables sobre sí mismo y su medio ambiente. Los niños más pequeños se dan cuenta de nuestros gestos, tanto de nuestra comunicación corporal como del significado de los tonos de voz, expresiones faciales, y de la cercanía física. Para desarrollarse intelectual, emocional, social y moralmente, el niño necesita, en cada una de estas áreas, gozar regularmente y durante un largo período de su vida de un vínculo afectivo fuerte, cercano, recíproco y estable, el cual desempeña una función muy importante en su bienestar.

 

DOS CAMINOS DEL DESARROLLO

La autoconfianza, la autoestima, la seguridad, la capacidad de compartir y amar, e incluso las habilidades intelectuales, tienen sus raíces en las experiencias vividas durante la primera infancia en el seno familiar. El tipo de apego (seguro, inseguro, ambivalente, evitativo y/o desorganizado), va a constituir un aspecto central y básico que nos servirá como marco de referencia para abordar el tema de la construcción de vínculos adecuados e inadecuados y sus consecuencias pero, sobre todo, sobre el funcionamiento social de un niño, es decir, el aprendizaje de la socialización futura sobre la base de las primeras experiencias. Podemos entender que el niño con un tipo de apego seguro se cría y se desarrolla psíquicamente más sano y seguro, y se relacionará con el exterior de esta misma forma: con una actitud más positiva y constructiva hacia la vida. Hablamos de una experiencia de empoderamiento, refuerzo, protección y enseñanza, que se considera vital.
Pero, ¿qué pasa cuando algo se rompe durante la formación del apego?. La desconexión causa sentimientos de rechazo, dolor y pérdida de confianza en la familia como base para el crecimiento. Los efectos de las reacciones familiares negativas, tales como respuestas pasivas o negligencia, amenazas o violencia hacia el niño en crecimiento, la ausencia de los padres, la separación o la pérdida de uno de ellos, la permisividad o la privación de emoción hasta el punto del rechazo o la desatención, marcará el desarrollo de patrones de vinculación y conducirá a la construcción de modelos internos de perfiles que guiaran las pensamientos, emociones y conductas del niño, y afectará a su capacidad de interesarse por el medio ambiente.

EN EL ENTORNO EDUCATIVO

Estos niños que no han recibido un apego adecuado de sus padres, suelen tener un rendimiento académico bajo, una menor competencia social. En el aula, en el patio, o en el comedor, presentan a diario problemas de comportamiento con sus iguales, compañeros de clase, amigos. Con sus educadores, padres, maestros, profesores, están menos dispuestos a afrontar desafíos o tareas nuevas, desmotivados y presentan con más frecuencia problemas de comportamiento o conductas de riesgo durante la adolescencia. La vinculación afectiva temprana marcará la manera en que creará relaciones con los demás, que se reflejará en una serie de problemas, dirigiéndolo a actuar de manera impulsiva, socialmente inapropiada y agresiva, pudiendo llegar a un estado de violencia y abuso de otros, derivar tanto en acoso escolar, como cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, emocional o físico.

 

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